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miércoles, 27 de septiembre de 2023

174 PATRICIA DAGATTI, CUERPOS EN VARIACIÓN

 



    Estamos ante un conjunto de microcuentos desestabilizadores, bien escritos, en profundidad y multiplicidad de sentidos. Celebrar este libro es solo el primer paso para develarnos en perpetuo y asombroso cambio.

 Pía Barros

 

 

 

AMOR XY

    Después de hacer todo lo que deben, se rasuran la barba, se afinan las cejas, se maquillan el rostro, se pintan las uñas, se ponen la minifalda, se calzan. Y así, furtivamente, van deseando encontrarse.  

MEMORIA SELECTIVA

     Lo que había comenzado como un juego pronto se transformó en un hábito peligroso. Olvidaba ciertas prácticas que eran de vital importancia. Despistes, en apariencia intrascendentes, acababan por poner en riesgo su vida. Eso sí, recordaba al detalle los versos de un poema, la trama de un cuento y los personajes de las novelas. Cuando por razones de seguridad sanitaria las autoridades decretaron el aislamiento obligatorio y suspendieron los servicios «no esenciales», entre los cuales se incluía a la biblioteca, quedó devastada. Ante tal circunstancia, se cubrió con una capa sutil y resistente; y así, suspendida, como una ninfa en su saco de seda, protagonizó todas las historias que había atesorado: fue dragona, forajida, heroína y villana. También fue amante y meretriz. Por eso, cuando anunciaron el regreso a la «normalidad», prefirió no darse por enterada.

 

MI PROPIA VOZ

A Effy Beth

    Es preciso echarlo al fuego para que se cumpla, advirtió la hechicera. Era Noche de San Juan y las hogueras ardían por doquier. Como mi piel obligada a llevar oculto el deseo, ardían; como el deseo mismo a punto de cumplirse. Entre todas, elegí una en la que cupiera mi cuerpo desobediente y me arrojé. Apenas emergí de las llamas, comprobé que mi cola de pez se había mantenido intacta y que, además, la Bruja del Mar, apremiada por las circunstancias, me había devuelto aquello que, encontrándome indefensa, me arrebatara.

 

HÁBITO

    Ella se acaricia las piernas, blancas, siempre ocultas. Asciende trémula por su territorio hasta llegar al estrecho humedal donde la sorprende el deseo. Hembra en celo privada de machos, sus músculos se tensan ante la primera vibración. Se agita, gime de placer hasta alcanzar el éxtasis. Luego, con los dedos entrelazados cae de rodillas y, una vez más, suplica perdón.

CONJURO

    Con la varita mágica apoyada en el centro de mi propia sombra, repito el conjuro. La mancha negra que proyecta mi cuerpo se reduce hasta formar una figura felina cuyos ojos verdes, semejantes a esmeraldas incrustadas en la pared, me observan. Incitada por aquellos ojos, doy rienda suelta a las siempre postergadas andanzas nocturnas, trepar y saltar por las azoteas; al deseo de maullar como jamás me hubiese atrevido. A maullar como las gatas cuando están en celo.

 

HEREJÍAS

    No fue a causa mi de gato negro, ni de mis frecuentes viajes en escoba que me acusaron de bruja. En pleno siglo XXI la gente ya no repara en esos detalles. Sin embargo, el mismo día que teñí mis cabellos encanecidos de color azul iridiscente y me puse un vestido ajustado al cuerpo, empezaron a murmurar. Esta mañana oí un gran alboroto frente a mi casa, llevaban pancartas, letreros escritos en rojo. En medio de la confusión, un grupo de mujeres gritaba: «hereje, deberías avergonzarte». Salí a la calle con la intención de calmarlos, pero al verme desnuda, la conmoción fue peor. Nadie se atrevió a tocar mis carnes anuentes a los caprichos de la gravedad. Entonces dejé que continuaran con lo suyo y regresé a la cama, a seguir disfrutando junto a mis desprejuiciadas amantes.

 

SURCOS INDELEBLES

    La mujer interrumpe su canturreo para invocar, con un hilo de voz, a Quetzalcóatl. Ruega que no le falte alimento a su prole; que, a pesar del cansancio, sus brazos puedan desgranar la mazorca madura, moler el maíz, llevarlo a la mesa. Poco puede hacer más que rogar, pues la tierra que cultiva ya no le pertenece. Aquella bonanza que gozaron sus ancestros se convirtió en látigo y puñal, en sentencia de muerte y exilio. Surcos indelebles que también atraviesan su cuerpo. Una herida húmeda y profunda por la que el germen de la vida entra y, a su tiempo, retoña en frutos dorados. Pequeños escudos que preservarán del conquistador su memoria, su lengua y su Dios.

 

Patricia Dagatti. Villa María, Córdoba, Argentina. Contadora Pública, Licenciada en Administración y Magister en Escritura Creativa en Español por la Universidad de Salamanca (España). Maestranda en Literaturas de Latinoamérica en UNSAM. Escritora y gestora cultural. Publicó los libros de microficciones: Secuelas de un sutil aleteo (Macedonia, 2020). Cuerpos en Variación (Macedonia, 2022). Miembro de la Red de Escritoras Minificcionistas – REM. Integrante del Colectivo de Minificcionistas Pandémicos. Miembro del colectivo de escritoras de minificción Somos Mar. Integrante del comité editorial de Tusca Editoras.

jueves, 7 de septiembre de 2023

(174) AURA GUERRA-ARTOLA

  



Ladrona de Juventud

      Desde hace unos meses, mi abuela pasa sus tardes gritando aterrada. Es más, la señora cree haber sido víctima de un hechizo. Ella no entiende porqué cada vez que se mira al espejo una anciana aparece reflejada en él usurpando su rostro.

 

Funeral

           El perro ladra por un portazo seguido del rechinar de llantas sobre el pavimento. Pablo sale lentamente de su cuarto y confirma lo que temía: papá se fue.          

         Mamá llora desconsolada y, mirándolo a los ojos fijamente, le dice que ahora él es el hombre de la casa; Pablo asiente y corre al patio. Abraza a su G.I. Joe de plástico y lo entierra en el césped, junto al resto de sus juguetes.

—Lo siento, amigos —les dice—. Ya escucharon a mamá, ahora soy un hombre.

 

Tragedia de semana santa

Mi cuerpo se incendiaba por el bochorno. Tomé una jarra con agua fría y, en un intento por buscar alivio, engullí todo su contenido de golpe. El líquido apagó el fuego. Ahora soy un cúmulo de cenizas.

 

Insomnio

Guardo los enojos bajo la almohada. Durante mi cuarto sueño, salen uno a uno y trepan por mi cabello, después saltan en mi frente con sus pequeñas patas, se arrastran hasta mi mandíbula y escalan por mi oído para musitar sus ideas. Me despierto de golpe en respuesta a su palabrerío angustioso y, justo cuando sale el sol, se callan, dejando una charla incompleta para la noche siguiente.

 

Madre Luna

Cada luna creciente, Miguel espera que caiga la noche en la playa. Utiliza su caja de lustrar como asiento y, en una mezcla de ansiedad y tristeza, espera el momento en que la luna refleje sobre el océano. La observa un par de horas y siempre se pregunta: “¿será mamá sonriendo?”, después de todo, le han dicho que su madre se fue al cielo.

 

Infusión en Frío

Cruzaste la puerta, tu indiferencia enfrió mi café, me atravesó la garganta y extrajo las lágrimas guardadas bajo treinta sólidas capas de tiempo donde, indemne, guardaba tu partida.


Cataclismos

       Dios creó al dinosaurio, cambió de opinión. Creó al hombre, tampoco…

 

 

SOBRE LA AUTORA

Aura Guerra-Artola.

Nació en Managua, Nicaragua, en el año 1986.

Estudió Mercadeo y Publicidad en la Universidad Thomas More de Managua, Nicaragua. Sacó el título de Chef de Partie en GalaStars Culinary en Manila, Filipinas y estudió la carrera de Gastronomía y Alta Cocina en el Instituto Gastronómico de las Américas, La Paz, Bolivia. Egresó del Laboratorio de Novela, Nicaragua, generación 2020-2021.

Ha sido parte de antologías digitales de Nicaragua, México, Chile, Argentina, Colombia y Perú. También ha participado en antologías impresas como: Antología 19-21 Les Escribidores; (Nicaragua 2021); Hasta que la Garganta Sea Musgo – Editorial Flor de Mezcal (México 2021); Arte y Literatura Hispanocanadiense – Feria Iberoamericana del libro en Canadá (Canadá 2022). Antología “Y Nada Más” – Editorial La Chifurnia (Honduras 2022); Antología Poética “Tras la Amenaza de mi Partida” – Radio Poesía (Colombia 2023).

Tiene cuatro obras propias: Jack’s Life in the Box (Canadá 2020); Las Dolorosas – Editorial Flor de Mezcal (México 2022); Nefelibata – Colección Ysiacabuche, Editorial La Chifurnia (Honduras 2023) y la Plaquette: Carne cruda entre mis huesos – Periódico Poético (México 2023).

Actualmente vive en Alberta, Canadá y es locutora de Radio Poesía y miembro activo del Foothills Writers Association. 

sábado, 27 de mayo de 2023

173 Cartografía del caos

 Cartografía del caos

 


 

I. Mapa de síntomas

Escritura

Durante varias noches tuvo la misma premonición. Soñaba que la tierra caía en desgracia, que todo se llenaba de guerra y sangre. Era tan grande la viveza del sueño que prefirió no dormir en semanas. No lo voy a aburrir con más detalles, la muerte está ahí rodándonos confesó al doctor. Renato estaba convencido que ya todos estaban infectados y muertos, así que prefirió escribir todo lo vivido por la humanidad antes de desvanecerse de la faz de la tierra. Se levantó con sus manos putrefactas rumbo al estudio y comenzó a teclear en su vieja máquina de escribir.

Pedazos

Con los fragmentos esparcidos de su corazón, los recuerdos regados y las ilusiones fracturadas, reunió las suficientes fuerzas para construir un caleidoscopio. Sopas químicas, fuegos artificiales y sonidos exuberantes de tambores se desataban en sus neuronas. Sus conexiones sinápticas fluían como ríos salvajes. Alberto enloqueció de forma lánguida. Cuando le hicieron la autopsia notaron que construyó, como lo hacen las ostras con sus perlas durante años, un producto de valor incalculable. Su cerebro color nácar deslumbró a los doctores que realizaban la autopsia. 

 

II Mapa de filias y paranoias

Melodías

Los registros de su memoria eran fugaces. Perlas minúsculas de sus recuerdos. Burda reducción de flujo de acontecimientos. Un hombre sin alma ni espíritu que lo ataran. Era libre, había desaparecido lo que anteriormente amaba. No había familia, esposa, ni hijos, ni recuerdo alguno. Todo era temporal y breve. Cuando murió, sólo los sonidos débiles de las hojas de árboles cercanos lo acompañaban perpetuos como melodías que nunca se extinguen ni reclaman.



Impulso

Cuando estaba con extraños bien vestidos, pero con zapatos descuidados le entraba una ansiedad inexplicable. Ante sus ojos una cortina de recuerdos lo inundaba. Veía a su madre cocinar, a sus hermanos jugar con el gato amarillo de ojos grandes, mientras sentía de su padre los azotes por ensuciar su único par de zapatos. Luego venía lo inevitable: se le ponía la carne de gallina, le subía la temperatura, desfallecía e iniciaba la convulsión. Cuando despertaba todo se le había esfumado, menos el impulso de reparar su impecable calzado.

 

III. Mapa de síndromes

Síndrome Cotard

El corazón, el hígado y todas sus vísceras estaban maltrechas ¿Acaso no lo olían? Apestaba. El olor a putrefacción se albergaba todo el día en su nariz, en sus orejas, en su estómago, en cada poro. Estaba harto de que todos le saludarán y sonrieran ¿acaso no se daban cuenta? ¡Muerto, estaba muerto como un jilguero encerrado! Aquel domingo de resurrección le pareció una eternidad apestosa después de la vida.


Síndrome de Diógenes

Zacarías supo del nombre de su enfermedad cuando ya su familia y sus amigos habían desaparecido de su existencia. Aislado y recluido de todos, su piel arrugada le reclama más espacio frente a los objetos extraños que diario acumulaba en su vano y cansado intento de huir del mundo. Juró recuperar el recuerdo de cada uno de los familiares que le reclamaban su existencia. Bajo la pila de periódicos que acumulaba, encontró primero a su nieta.


Estocolmo

No entendía por qué la pistola puesta en su sien no le daba miedo, ni por qué disfrutó los días de secuestro y el bondage en la cama. Ya le habían pagado lo pedido y habían pasado varios meses desde que recibió el rescate, y ella siempre regresaba. Parecía la secuestrada perfecta. Lo único que le molestó de aquella mujer fue que insistiera en que era de él aquel recién nacido.

IV. Mapa de sueños

Exactitud

Cerró los ojos, cayó al abismo de su mente caótica. Lo vio en un relampagueo. Aquella fisión numérica espontanea le daba el día y la hora exacta de la muerte de quien se lo preguntaba. Los médicos nunca supieron de donde provenía ese algoritmo tan sofisticado.  El hombre era incapaz de amarrarse las agujetas, tomar un autobús, cocinar o lavarse las manos sin embargo poseía una prodigiosa capacidad numérica, retenía números pasados, presentes y futuros. La precisión para determinar el día de enfrentarse a la muerte era exacta. Lo comprobó con varios familiares, amigos y conocidos que se acercaban a aquel manicomio. Los médicos y enfermeros que dudaban de su cualidad lo verificaron el día que provocó el incendio.


VI. Terapias alternativas

Paisaje

Dicen que su rara enfermedad le vino de leer tanto libro, otros dicen que, de poseerlos, pues desde joven compró muchos hasta llegar a tener la biblioteca más envidiable del pueblo. Algunos aseguran que una mancha de tinta le saltó, le mordió la melancolía directo en la yugular y por más doctores que visitó a lo largo de su vida nunca halló cura. Endorfinas y serotoninas se apropiaban de su cuerpo y luego lo sumergían en el abismo más profundo del abandono. Aunque Fabio era feliz acariciando sus libros, después de leerlos y olerlos los dejaba en los estantes almacenando en su cuerpo tristeza. Dicen que desapareció en su biblioteca entre los grises paisajes de palabras acumulados, la familia aún lo sigue leyendo y buscando.

 

CARTOGRAFÍA DEL CAOS es un intento de explorar la mente humana desde la literatura. Las historias que componen este libro son convulsiones, ataques, cirugías, enfermedades, alucinaciones, sueños, fantasmas y realidades alternas cuyo territorio reinante es el cerebro y su comportamiento. Punta de iceberg de lo que somos como humanos. Aunque en las recientes décadas se han desarrollado herramientas científicas que han permitido a la neurología descubrir un poco más sobre los secretos ocultos del cerebro, muchos enigmas y preguntas permanecen sin respuestas. Cráneo, hemisferios, lóbulos, células, neuronas, neurotransmisores, así como sinopsis son los elementos fisiológicos que se unen con las creencias, memorias e ilusiones. Neurólogos y científicos de las más diversas áreas intentan responder ¿Qué es la mente? ¿Dónde termina el cerebro e inicia la mente humana? No hay respuestas precisas. Y mientras seguimos esperando soluciones al rompecabezas de la psique, la literatura se recrea en esta Cartografía del caos con sus mapas de síntomas, filias, paranoias, síndromes, sueños y terapias a fin esbozar un orden. Lector recibe estos pequeños rastros, endebles estelas de letras expresadas en minificciones sobre la alfombra inmensa de la neurociencia y misterios del cerebro humano.

Cartografía del Caos es un libro digital publicado por la editorial española BGR en la colección breves y contundentes. El prólogo es del escritor Homero Carvalho Oliva. ¡Empezamos está nueva aventura finalmente publicada!

 

Fabiola Morales Gasca: Maestra en Literatura Aplicada en la Universidad Iberoamericana plantel Puebla. Fue alumna de la Casa del Escritor y la Escuela de Escritores. Diplomada en Creación literaria de SOGEM. Autor de los poemarios Para tardes de Lluvia y de Nostalgia (2014) y Crónicas sobre Mar, Tierra y Aire (2016) BUAP. Libros infantiles Frasquito de cuentos y Confeti, cuentos para niños traviesos BUAP (2017). Libro de minificción El mar a través del caracol por Editorial El puente (2017). El niño que le encantaban los colores y no le gustaban las letras (2018). Luciérnagas (2020) editorial La Tinta del silencio. Eclipses, Bitácora de vuelos Ediciones (2022). Ruta de Palimpsestos editorial Kañy (2022) y Cartografía del caos (2023) por editorial BGR. Participante en antologías de Argentina, Chile, Colombia, España, México, Paraguay, Perú y Venezuela. Lectora voraz e incansable escritora.

Redes Sociales:   FB: Faby Morales - Autora   Twitter: Fabiola Morales @LectorFosforo

 

domingo, 7 de mayo de 2023

171 RECORDANDO CUENTOS BREVES Y EXTRAORDINARIOS

 


EL REDENTOR SECRETO

Es sabido que todos los ogros viven en Ceylán y que todas sus vidas están en un solo limón. Un ciego corta el limón con un cuchillo y mueren todos los ogros.

Del Indian Antiquary, I (1872).

 

TEMOR DE LA COLERA

En una de sus guerras, Alí derribó a un hombre y se arrodilló sobre su pecho para decapitarlo. El hombre le escupió en la cara. Alí se incorporó y lo dejó. Cuando le preguntaron por qué había hecho eso, respondió:

-Me escupió en la cara y temí matarlo estando yo enojado. Sólo quiero matar a mis enemigos estando puro ante Dios.

Ah'med el Qalyubi, Nanadir.

 

NOSCE TE IPSUM

Al Mahdi cercaba con sus hordas a Khartum, defendida por el general Gordon. Hubo enemigos que se pasaron a la ciudad sitiada. Gordon los recibía uno por uno y les indicaba un espejo para que se miraran. Le parecía justo que un hombre conociera su cara antes de morir.

Fergus Nicholson, Antología de espejos, Edimburgo, 1917

 

VIDAS PARALELAS

Cuando nació Confucio, un unicornio recorrió la comarca. Por la forma y el tamaño parecía un buey. La madre del Maestro ató en el cuerno del animal una cinta. Setenta y siete años después el unicornio reapareció y lo mataron; la cinta estaba rota.

Confucio dijo:

-El unicornio ha vuelto; han pasado los años; el día de mi muerte está próximo.

E. R. Huc, L'Empire Chinois (1850)

 

LA EXPLICACION

El implacable escéptico Wang Ch'ung negó la estirpe del fénix. Declaró que, así como la serpiente se convierte en pez y la laucha en tortuga, el ciervo, en épocas de paz y de tranquilidad, se convierte en unicornio y el ganso en fénix. Atribuyó estas mutaciones al "líquido propicio" que, 2356 años antes de la era cristiana, hizo que en el patio del emperador Yao creciera césped de color escarlata.

Enwin Broster, Addenda to a History of Freethinking (Edimburgo, 1887)

 

EL PELlGROSO TAUMATURGO

Un clérigo que descreía del mormonismo fue a visitar a Joseph Smith, el profeta, y le pidió un milagro. Smith le contestó:

-Muy bien, señor. Lo dejo a su elección. ¿Quiere usted quedar ciego o sordo? ¿Elige la parálisis, o prefiere que le seque una mano? Hable, y en el nombre de Jesucristo yo satisfaré su deseo. El clérigo balbuceó que no era esa la clase de milagro que él había solicitado.

-En tal caso, señor -dijo Smith-, usted se va a quedar sin milagro. Para convencerlo a usted no perjudicaré a otras personas.

M. R. Werner, Brigham Young (1925).

 

EL CASTILLO

Así llegó a un inmenso castillo, en cuyo frontispicio estaba grabado: "A nadie pertenezco, y a todos; antes de entrar, ya estabas aquí; quedarás aquí, cuando salgas".

Diderot, Jacques Le Fataliste (1773).

lunes, 17 de abril de 2023

(170) MICROS DE LEYENDAS COLOMBIANAS


 

LO DURO DE VIVIR ASÍ

En el pacto que hizo con el demonio esa noche le quedó claro que poseería todo el dinero del mundo, pero no debía entrar a ningún templo cristiano, ni bañarse durante siete años.

  Tenía casi todo cuanto deseaba con solo introducir las manos en los bolsillos. Se fue del pueblo al ver el rechazo que generaba su apariencia descuidada. En los demás lugares a donde llegaba ocurría lo mismo apenas lo veían acercarse. Su indumentaria de indigente no hacía sospechar que cargara tanto dinero entre sus ropas y trebejos.

   A los dos años de vivir casi a la intemperie empezó a detestar esa vida que había escogido en el momento fatal de tomar decisiones. Se sentía solo y rechazado, como si se notara en alguna parte de su ser la marca de aquel malévolo pacto del que se empezaba a ver como un perdedor.

   Por eso huyó a donde nadie lo viera y optó por quemarse vivo en un vano intento por purificarse. Lo único cierto es que nadie más supo de él desde entonces y algunos creen que en el lugar donde se calcinó su cuerpo, quedó aquel parche de tierra infértil y maldita donde hasta la lluvia se negaba a caer.

 

CASCOS DE CABALLO SUENAN EN LA CALLE DESIERTA

Había llegado a aquel pueblo pequeño de casas lujosas, pero de una antigüedad que superaba todos los cálculos. Anochecía y los faroles fueron encendiéndose solos, como si una mano prodigiosa le diera luz a uno por uno. No eran eléctricos. Tampoco se advertía a nadie en las cercanías. Las casas a pesar de todo parecían abandonadas.

   Era un pueblo chico que no acababa de recorrer a pesar de estar seguro de haber recorrido y de verlo desde la distancia con pocas casas en la ladera que mantenían su silencio inmaculado del principio y solo sus pasos se escuchaban cansados y desiguales mientras transcurría la noche. Sus pasos que iban y venían sin entender porque no encontraba la salida.

   Sus pasos una y otra vez errando por aquellas calles que cada vez lo seguían conduciendo hacía ninguna parte. Sus pasos y los cascos de un caballo que se acercaba, pero al mirar atrás solo se veía la larga calle con sus faroles y las sombras de las fachadas de las casas. De nuevo las pisadas del caballo acercándose. Solo los pasos del caballo sobre el empedrado.

 

EL DUENDE DE LOS HILOS DORADOS DE AZOGUE

Nadie supo cuando llegó a la casa ni mucho menos como fueron sus primeros movimientos que lo volvieron notorio en el comedor, en la biblioteca y en las habitaciones de los niños. Parecía que le gustara leer o al menos curiosear los libros porque aparecían tirados en el suelo tal vez por la dificultad para retornarlos a su respectivo estante.

   Si rondaba el resto de la casa lo hacía en ausencia de los niños a las horas del colegio y de los adultos durante las horas de trabajo. Al llegar encontraban el desorden a su paso y pensaron en principio que se tratara de varios de ellos o que la casa estuviera embrujada que para algunos era mejor y más cómodo pensar en esta posibilidad.

   Algunas veces desaparecía durante semanas y alcanzaban a creer que no volvería y todo regresaría a la normalidad. No sabían que era debido al cansancio que le producía armar aquel desorden, por eso necesitaba tanto tiempo para descansar y reponerse de las duras faenas.

   Sin embargo, eran los libros de la biblioteca los que copaban el mayor tiempo y de no ser por los libros regados sobre el piso nadie hubiera sospechado de su presencia. Se sabía cuál libro se encontraba leyendo por un cordón de oro que cambiaba de página o de volumen. El día que lo escondieron en un baúl de madera con llave dejó de visitar la casa un tiempo y otra vez creyeron que se liberaban de él; pero otro día volvió con un nuevo cordón que dejaba de separador para continuar leyendo a su siguiente visita, solo que está vez cuando intentaban tocarlo se les escabullía de las manos como si se disolviera y en otras parecía tornarse invisible. Después se volvió una especie de hilo de azogue dorado que al atraparlo se desaparecía apenas tocaba la tierra.

 

LA SILUETA DE LA FRIA DAMA DE LA NOCHE

Anda suelta su figura por los pueblos cada noche. No lo pudieron evitar ni los más valientes ni tampoco los más fieles creyentes con oraciones y conjuros. Ella sigue suelta y tranquila por las calles de algún pueblo que no sabemos si escogió o por inciertos misterios llegó allí.

   Solo se sabe que está vagando por las calles y es una figura construida de sombras, al menos eso creemos, porque algunas veces parece de carne y hueso mientras sus pisadas dejan huellas en el suelo que camina.

   Lo cierto es que seduce, incita a seguirla y toma mil formas para pasar desapercibida y otros que desconocen su historia vayan tras ella, sientan que la idolatran y cuando creen que están con una mujer de verdad, se transforma en ese ser de hielo que los congela y los deja tirados como si fueran cadáveres y al otro día los encuentran yertos como témpanos de hielo y muy pocos se salvan para poder contarlo.

 

CUANDO LA LUNA PIERDA SU LUZ PALIDA

Tía Angela sale de casa a las once de la noche cuando la luna pierde un poco su luz pálida, dice que es el mejor momento para no encontrarse con los fantasmas que abundan en la cañada. Se dirá que no tiene sentido que la dejemos partir en esas condiciones, pero no hay poder sobre la tierra que la detenga.

   Tampoco hay poder que la aleje y no le permita volver, todos lo sabemos en la casa y a ratos nos entristece y en otros nos alegra con cierto sentimiento que no logramos descifrar del todo. Es algo que no puede ser agradable del todo, es muy parecido a soñar con los parientes muertos que queríamos y que se nos vuelven a ir tan pronto despertamos.

   Así ocurre con ella. Llega, entra, saluda como si acabara de llegar de un viaje y se sienta en la mesa. Los que estamos en casa la recibimos pensando que no se volverá a ir, así sepamos lo contrario, que nos habla y ríe de nuestras ocurrencias, nos cuenta de sus años juveniles, aunque mirándola bien parece que no le transcurrieran los años.

   Se queda con nosotros hasta que una noche, a las once, cuando la luna pierde su luz pálida sale y se va por la cañada. Desaparece por la puerta dejándonos una especie de melancolía porque no sabemos cuándo la volvamos a ver aparecer en el patio. Si volverá.

 

LOS NIÑOS DEL AGUA

Aquel pueblo me pareció sacado de algún relato de los más extraños. No se veían niños por ninguna parte y esto me empezó a inquietar. Al principio no dije nada.

   En la casa que me hospedaron esa noche hablamos largo rato hasta que la pareja se detuvo en algo que se veía, no les gustaba mucho hablar.

   -Hijos, si, tuvimos dos, pero se los llevó ella cuando iban a cumplir diez años.

   En la panadería de al lado, la dueña habló un buen rato y su rostro se ensombreció al recordar que estaba sola y que su marido se había marchado a la zona de las esmeraldas después de lo que pasó:

   -La Madre del Agua lo llamó una tarde con su voz y se fue caminando hasta la orilla del río.

   El carnicero dijo de mala gana que sus tres hijos también fueron arrebatados y se los devoró la corriente mientras caminaron derecho y sin mirar a los lados.

   El carpintero, el albañil que pintaba la alcaldía, la costurera del parque, el lechero que recorría cada mañana el pueblo, el chofer del bus que se fue a vivir a otro lugar porque no soportaba recordar, el pescador que le huía a la noche y a la oscuridad, el leñador que no cortaba arboles sino recolectaba leña seca; todos iban contando como se les había perdido cada uno de sus hijos.

   Tampoco se fueron porque no soportaban la idea de estar lejos de ellos y creían que un día podrían regresar y no los iban a encontrar en el lugar que los habían visto desparecer.

 

LA AMISTAD ES SOLO UN AVE

Por buscar a su amigo aceptó el reto de salir a enfrentarse con la dureza de la tormenta. La luminosidad de los rayos lo hacía ver como una sombra alargada en medio de la llanura. Sin embargo, era solo un breve instante, demasiado fugaz, como su vida que se desvaneció esa noche cuando la magia de un relámpago lo atravesó de la cabeza a los pies y lo transformó en un ave para que pudiera desde la altura buscar a su amigo que también se lo había devorado una borrasca muy parecida.

   Verlo volar en las noches de aguaceros torrenciales era tan de buen agüero cuando se iniciaba una amistad que, si no aparecía en medio del amplio llano con su vuelo acompasado y su silueta más oscura que la noche, empezaba a ser presagio que aquel amigo algo se traía entre manos y por más que demostrara sus buenas maneras no era confiable.

 

viernes, 7 de abril de 2023

169 ERÓTICOS

 



Presentación

Esta antología, editada por la editorial Chicatana ediciones, es el segundo número de la Colección Luz de ámbar, la cual tiene por objetivo ser un espacio para la publicación de minificciones escritas en Chiapas y de esta manera impulsar la creación del género en la entidad. Cuenta con un prólogo de la doctora Dina Grijalva, escritora quien durante años ha recorrido el territorio erótico desde la palabra, teoría y cuerpo.

Ella dice que:

La minificción

La minificción hispánica (espléndido género brevísimo: máximo una página) es lúcida, lúdica, etérea, irónica, onírica, icónica, mítica, mínima (y máxima), críptica (o nítida), súbita, intrépida, fantástica, magnífica, epifánica y quimérica. Jamás cándida.

Es éxtasis estético, vértigo, pájaro, relámpago.

Y ese es el objetivo de este libro, gozar del éxtasis estético, del vértigo, el pájaro y los relámpagos que produce entregarse al placer de las palabras. Gozar del imaginario femenino erótico que nos comparten 7 autoras chiapanecas, Selene Argueta, Rita Cerezo, Ade León, Lyz Sáenz, Tania Molina, Lorena Vasconcelos y una servidora; así como la obra de las artistas visuales Astrid Breiter y la Señorita Cafetera, quienes plasman fantasías, fetiches, anhelos y juegos eróticos en estas páginas.


Cambio de planes
Sele Argueta

Creados para ilustrar un microcuento erótico, terminaron siendo una novela gráfica.

 

Transverberación
Karla Barajas

Las plumas del ángel se derritieron al contacto con la piel de mi abdomen. Mi temperatura se elevó, su mano tórrida me tocó el vientre. “No me desampares, eres la única compañía que me queda”, rogué. Estaba en éxtasis, lo recuerdo. Él deslizó sus plumas en mi espalda, mientras me poseía, pude verlas suspendidas por la habitación. Posó su dedo sobre mis labios. Dijo adiós y lo llamé. No volvió.

Piensan que mi encuentro con él fue resultado de una calentura, pero, padre, ¿cómo explican que mi recién nacido tenga una aurora y alas?

Fedra
Rita Cerezo

Fedra yace muerta. La mató el deseo. Un día, sin que lo sospechara nadie, comenzó a enfermar: febriles noches de insomnio que parecían eternas, días interminables de taquicardia y disnea, y Fedra, cada día más débil, se acercó poco a poco al momento fatal. Como un cáncer, su deseo se extendió por todo su cuerpo: cada mililitro de su sangre, cada milímetro de su piel, hasta hacer metástasis en su cerebro: Fedra enloqueció y, enloquecida, se convirtió en veneno que antes de morir sembró la muerte para el joven jinete que le negó sus besos.

Muertes
Ade León
Cada vez que se clavaba en mí, moría.

Descubrimiento
Tania Molina

Teníamos una hora, cada cinco minutos él nos apresuraba para terminar. Sudaba. Los nervios me hacían sentir calor. De repente, apreté las piernas, el roce entre ellas me provocó un ligero cosquilleo que intenté prolongar. Enrojecí por el ardor que emanaba de mi cuerpo. Aunque no aprobé el examen, fue el que más disfruté.

 

En cuanto la mano varonil de Fausto dio la vuelta al letrero de la cafetería, indicando: “abierto”, Emilia entró a exigirle un expreso doble, luego lo obligó a beberlo de un sorbo e inmediatamente a besarla. Fausto no sentía el ardor que bajaba desde su lengua hasta el esófago, únicamente el calor abrasante bajo su mandil de barista y el ansiado recorrido de esas manos determinadas a desanudarlo.


Äj te’jksi karäjkomo ijtu tanäram yenhyapapä sunyi. Witpakäsi.te’ mujkis ‘yamyapa te’ sunyipä tzajp

Debajo de mi enagua los montes se dibujan libremente. El pasto por donde camino mira el paraíso. 



lunes, 27 de marzo de 2023

168 ROCÍO UCHOFEN

 


 

Último día
El día que cerró la ciudad, mis hijos y yo dimos una breve vuelta en auto como para no olvidarla. Los tres usábamos mascarilla y mis manos en guantes quirúrgicos guiaban el volante con cierto temor. Las calles vacías, las tiendas cerradas. Parecía el amanecer de un día cotidiano, pero eran las tres de la tarde. Al cruzar una esquina vimos cómo enfermeros en trajes antibacteriales llevaban a alguien inmóvil en una camilla cubierta de un plástico verdoso y transparente. Mi hija comentó que la gente miraba desde las ventanas. Nuestro auto se alejó.

Llegamos a casa, parqueamos el auto, desinfectamos los zapatos, las manijas de las puertas, echamos las mascarillas en un cesto y nos sentamos en la sala.

El tiempo dejó de correr desde ese instante.

 

Reflejo
Para salir de dudas fui a la biblioteca y revisé los archivos pictóricos del vecindario. Había mucho material ahí, la facilidad de vivir en el así llamado primer mundo. Luego de horas di con las fotos que buscaba.  Cuando vi su cara, me di cuenta.

Al terminar, caminé por las rutas cercanas a mi casa. Antes, cien años antes, el vecindario se componía de viviendas diminutas donde mujeres y hombres vivían frugalmente. Ahora las casitas han dado paso a construcciones modernas estilo condominio con imponentes muros de ladrillo blanco y piedras que brillan al atardecer. Solo mi vieja casa colonial es la que no pertenece a su ordenamiento y colores, su frugalidad contrasta y todos tratan de obviar:la madera ennegrecida, el pequeño jardín donde la hiedra avanza. Aun existo, pienso. Mis pasos suenan como ecos cuando ingreso silenciosa  por mi pequeña puerta principal que se abre con un chirrido, entonces me acerco al espejo redondo que cuelga en la antesala, me miro en su lámina agrietada.

, esa es la cara.

 

El objeto
¿Recuerdas la vez que salimos por la noche a comprar chocolates cerca a la casa? Ese día vimos un objeto brillante surcando raudamente el cielo en líneas circulares, entonces tú dijiste que era un avión. Yo tenía 7 pero aun lo recuerdo. Los años que siguieron fueron muy confusos. Las cosas no estaban bien y después de comer golosinas o cosas ricas, terminamos comiendo un pan duro y oscuro, leche en polvo con sabor a medicina, por las calles hallaba billetes o monedas que nadie quería. La gente vivía molesta y cada cierto día se iba la luz.

Años después dejé el país. Tú ya habías muerto. En la lejanía sigo recordando. He aprendido y ganado sentido común. Por las noches miro el cielo y sé  que aún no se han inventado objetos brillantes que surquen el cielo en líneas circulares.  Pero a veces leo los diarios y hay noticias de  gente que dice verlos.

Aquí es muy difícil que se vaya la luz.

 

La construcción de los sueños
Anoche volví a soñar contigo: Te vi pasar a mi lado, entonces te seguí. Caminaste hacia la casa de siempre, abriste la puerta nuevamente y yo entré tras de ti. Cuando iba a tocarte, desperté. Si solamente vives en mis sueños, tal vez sea imposible que la realidad nos una.

Pero cada noche avanza un poco más nuestra historia.

 

El momento
Éramos un pueblo guerrero. Ai Apaec nos protegía y así vivíamos cerca al mar, yo soñaba con surcarlo en las poderosas naves que los artesanos construían con haces de totora fuerte y seca. Mi padre murió en una de las guerras protegiendo el cuerpo del gran señor, eso nos dio un espacio en su palacio, pero ahí éramos solo sirvientes. Mi madre cocinaba para las festividades y el aroma intenso de la chicha de maní o de la carne aliñada para alimentar a los señores era lo más cercano a ellos. Ella decía que yo podía ser guerrero como mi padre, a veces yo soñaba que mi cuerpo era tatuado en los rituales de la guerra. Sin embargo, cuando tuve la edad para luchar el señor y el sumo sacerdote dijeron que había otros planes para mí. Poco tiempo después éste enfermó, llegaron grandes curanderos, sus voces hacían eco en los muros, mi madre preparaba brebajes y el palacio estaba a oscuras. El señor padecía una enfermedad extraña, mis anhelos de ser su guerrero se extinguían, su heredero era más joven y tenía ya un grupo de gente. Cuando llegó el día de la muerte, todo el palacio se llenó de lamentos. Mi madre corrió a abrazarme, su cabello olía a los brebajes que había cocinado por días. Entonces escuché la voz del sumo sacerdote, los cascabeles de oro vibraron cuando movió su brazo para llamarme. Me llevaron a los aposentos, ahí me desvistieron y aceites aromáticos limpiaron mi cuerpo. Horadaron mis orejas, mi nariz, el oro pesaba en mi cuerpo. Me cubrieron con las ropas del guerrero, finalmente había llegado mi momento. Había tres jóvenes más adornados igual que yo y dos hermosas doncellas, cuando una de ellas empezó a llorar, lo comprendí. Avanzamos en procesión al lado del cuerpo del señor que iba cargado por un gran grupo de gente. El oro pesaba. Bajamos a la tumba, me dieron las armas del guerrero, mi corazón latía fuertemente. Me tocó estar a la derecha del cuerpo. El sumo sacerdote nos dio de beber algo dulce que luego se tornó amargo.

Entonces la oscuridad nos fue absorbiendo.


El artesano

Falpen era alfarero. Ciertas mañanas salía junto a su perro y caminaban hacia el este, allí había un lugar donde la tierra tenía otro color. Falpen recogía solo un poco y así tendría un pretexto para regresar. Cierta tarde mientras recogía la tierra, el perro empezó a ladrar. Al voltear se dio con un animal de ojos grandes que parecía un zorrito. Pensó que sería curioso llevarlo y cargó con él. Los otros artesanos no gustaban de los animales. El perro que siempre seguía a Falpen no podía ingresar al espacio donde hacían la cerámica. Por las noches alumbrados bajo la luna, Falpen dormía abrazado a su mascota y ambos probablemente soñaban lo mismo. Cuando llegó con el zorrito, los otros artesanos empezaron a quejarse. Tuvo que dejarlo ir.

Primero desapareció un guerrero, hallaron sus huesos al lado de su coraza de oro. Luego siguieron doncellas, sus cabellos pegoteados con restos de su cuero cabelludo; gente del pueblo desapareció y sus extremidades rodeadas de moscas fueron halladas en los caminos.

Los artesanos vivían temerosos. Empezaron a crear vasijas con forma de lo que imaginaban tan monstruoso como para destrozar los cuerpos de todas esas víctimas. Falpen pensaba en su zorrito, creó una vasija con la tierra especial, los ojos grandes y las orejas puntiagudas, para seguir el arte de sus compañeros, le añadió colmillos a su creación. 

Las víctimas seguían apareciendo. El horror de la muerte a veces sonaba a gritos en la noche.

Falpen dormía abrazado a su perro y a su vasija de ojos grandes.

 

Tenga un buen día *
Las puertas se abrieron. El vagón no estaba repleto; todos los viajeros nos podíamos mirar con aburrimiento. Una joven subió; sus manos delicadas sostenían un excesivo ramo de flores envuelto en un papel color marfil impreso en dorado con una frase repetida ad infinitum: “Tenga un buen día”. La pareja próxima a la puerta se abrazaba sin reflejar su postura ninguna incomodidad, ni siquiera para la anciana sentada frente a ellos leyendo con serenidad su libro. Detrás de la pareja había un póster del museo con los nombres de Kandinsky, Mondrian y Pollock. Al salir pasé cerca a la joven del ramo de flores, absorta su mirada en la nada.

La explosión ocurrió cuando yo ya caminaba fuera del subterráneo. El remezón nos arrojó en diferentes direcciones; mi cuerpo cayó a suelo y me golpeé la cabeza contra un muro. Las sirenas ahogaron los gritos. Nadie allá abajo sobrevivió. Meses después busqué la foto de la joven del ramo en los obituarios del atentado. No la hallé. Ni siquiera pude encontrar alguien que ligeramente se le pareciera. El golpe en la cabeza me dejó secuelas extrañas, como un ligero crujir del cráneo, el miedo a viajar en subterráneo y un pequeño malestar cada vez que me cruzo con mujeres jóvenes que lleven ramos de flores.

*publicado en la antología “Con la urgencia del instante” (Ars Communis, 2023)

 

LA AUTORA

Rocío Uchofen (Perú) es narradora, poeta y promotora cultural.  Su poemario Geometría de la Urbe fue finalista del premio Copé de poesía 2013. Recibió una microresidencia de The Poetry Society (2019) y fue finalista del premio FILLT de testimonio 2020. En 2022 obtuvo el primer puesto en el concurso En Concreto Alma Urbana organizado por el PEN Chile.  Editó las antologías Intervalos: 12 narradoras peruanas (2020), Staten Island mi historia/Staten Island my story (2020), Todos podemos escribir un cuento (2021) Y Puentes (2022). Ha publicado Staten Island personal/Personal Staten Island (2021). Los poemarios Liturgias Clandestinas (Taller del Poeta, 2004), El oscuro laberinto de los sueños (Tranvias Editores, 2011) y Geometría de la urbe (Carpe Diem, 2019); los libros de cuentos Odalia y otros sin esquina (The Latino Press, 2004), En algún lugar del laberinto (2011) y La irrealidad y sus escombros (Maquinaciones Narrativa, 2021). Dirige Híbrido Literario desde 2002 y un programa con el mismo nombre en Maker Park Radio, Staten Island. Vive en New York, NY desde 1996.