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lunes, 7 de diciembre de 2020

(85)Marti Lelis

 



Siete brevedades

(Microantología personal de Marti Lelis) 

 

Sísifo

 

    Desde la segunda vez

     que bajó la cuesta, notó que

    la roca soltaba fragmentos al rodar…

                        Sería cuestión de paciencia

                       y de seguir fingiendo gran dolor…

***

 

Ilusión

Este escribir que es trasplante de mi voz fantasma a los signos que trazo con lápiz, o que aparecen al oprimir las teclas que los llevan grabados. El silencio bajo el embrujo de la imagen que habrá de operar para otros ojos que activarán su voz fantasma. Se intenta hablar aquí de la lectura silenciosa, ceremonia de palabras mudas en el teatro tibio de la conexión de las neuronas de un lector distante y callado (tú). Escenario para la manzana que deposito sobre la mesa sin que veas mi mano: “mira la manzana que está en la mesa”. Y no hay manzana ni mesa, pero las estás viendo, quieres pronunciarlas, romper el silencio por comprobar si acaso se materializan; pero no, son fantasmas. Es que todos estamos hechizados.

***

 

Leer como niños

La capacidad de abismarse en lo muy pequeño o integrarse a lo infinito, es el paraíso perdido durante la infancia. En el momento que aparece el “yo”, la conciencia de uno mismo, pasamos a ser habitantes de nuestro cuerpo y perdemos la unidad con todo. Desde nuestro “estar adentro”, la claridad se vuelve caos. Inventamos la guerra y el arte. Separamos realidad y sueño, ciencia y poesía. Del comercio para la subsistencia pasamos al consumismo. De la ciencia para el saber, pasamos a la ciencia y la tecnología para el poder. De la política para conducir a un pueblo a su plena realización, pasamos a la política por ambición. Todo esto lo hemos hecho con palabras. La sospecha de que el lenguaje guarda el secreto se nos pierde entre la mar de datos e información cotidiana. Hay que aprender a leer de nuevo el mundo como lo hacíamos en la infancia; a escuchar y atender los gritos silenciosos que el artista deja en sus obras.

***

 

Breve historia de la literatura

A partir del movimiento de los astros, los seres vivos organizaron sus vidas. Nace la literatura del giro de un planeta. El movimiento dio pie al sofisticado concepto del tiempo. Día y noche. Luz y oscuridad. Las dicotomías, raíz de lo humano: anatomía del cerebro. En lo humano la tendencia a la ficción, a complicarse, a salir de sí con el ansia de compartir el terror primigenio. Invención del lenguaje. Comunicar el miedo para no sentir que es algo privado, que los otros lo comparten. Magia. Ficción hablada, literatura oral, el hablador, el contador de historias. Pero había que fijar los sonidos, las historias, hacer inventarios como en El libro de la almohada, en el Popol Vuh, en viejas tablillas de barro. Invención de la escritura. Gilgamesh. Libros. La literatura más fantástica es la que cuenta la ficción de la realidad, la que al menos la sospecha. El calendario es un invento, periodizar el tiempo, que es un invento. Tiempo de vivir y tiempo de morir, simplificando. Las religiones, inventos. Ficciones para mejor soportar el tiempo de vivir. La cultura, invento humano, la actividad del otro que es uno mismo. Así, hasta que venga otro meteorito y nos simplifique dinosaurios. Fin de la literatura.

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Cúmulo de incertidumbres

(terceto) 

I. Sólo lleva tilde

Quizás huellas de aire de algo que ha pasado frente a mí mientras me ocupaba —aprendiz de mundos, porfiado niño— en mirar no el árbol, no los cuerpos; en oír no la lluvia, no las cuerdas ni el viento en las agujas; en sentir no la piel, no tu corazón obstinado; en probar no la miel cotidiana, no unos labios ni la sal ni la sangre exhibida; en oler no tu piel de nuevo, no las flores, no el incienso ni en las manos las caricias ni volutas de un incendio. Sino la sombra de lo visto, la imposible sombra de lo oído, lo tocado, lo sentido, la sombra del sabor de tu cuerpo: sombras dibujadas, sombras que son signos y no son más, pero nada menos, que el pretexto (la gota que colma, el copo que desata la avalancha, apogeo de la parábola, el primer aliento, el primer latido), nada más, pero nada menos, que el pretexto para verte despertar por la mañana y no atreverme a decirte que, porque naciste, he nacido. Y escribo. Siempre solo escribo, y sólo escribo.

 

 

II. Interfaz 

Tras de cada palabra vive —sombra necesaria, infaltable reducto— la suma de los mundos que cargamos como el caracol su carapacho para salvaguarda de lo que fue, lo que es y lo futuro: postulados los límites mediante la sensitiva membrana que nos contiene (la mano pertinaz que todo lo acaricia; la pupila infatigable al aire momentáneamente desecada; néctar de frutas en la lengua; delicadas ondas en el mínimo tambor, en el diminuto martillo, cuasi caracol de los oídos; o bien, asalto —de moléculas oleosas y fragantes— a la cotidiana maravilla del vaivén del aire dentro y fuera de los cuerpos, tuyo y mío), interfaz sin la cual no, necesariamente no y nunca, cobran su sentido mariposas y besos, la ilusión de la vida, la certeza de la ausencia postergada, abalorio sin fin de palabras, un solo verso rebelde que sigue y sigue la desmesura de la primera página, de la primera línea por capricho necesario prolongada.

 

 

III. Incertidumbre y géneros literarios

Los géneros son útiles para hablar de las figuras que forman en los textos las palabras; pero es en el cúmulo de incertidumbres donde habita la belleza una vez emancipada el ave de la jaula, libre el agua del vaso que cantaba el poeta (vaso o cuerpo de donde el agua y la conciencia, piden ser derramadas). ¿Cómo hacer entonces la crítica de un texto que comienza con voluntad de ensayo y, a la vez, se quiere poema; que muere por decir “Había una vez” o dejarse leer novela a pesar de ser un verso (no se olvide: un solo verso exagerado) que pide personajes, tiempo, espacio y un devenir ficticio? Escribo de buena fe; eso, ya se sabe, es un pacto para el ensayo, y el tono conversacional, muy importante. Entonces, ¿quién te impide en la charla decir un poema (correr el riesgo del poema, por ejemplo); un texto para abrazarlo fuerte a sabiendas de su anunciada resistencia y transfiguración durante su tentativa de librarse del redil de tus brazos, un texto Proteo, transgresor de hecho, pero sincero?

***

 

EL AUTOR

 

MARTI LELIS

(México D. F., 1968)

Escritor radicado en Tlaxcala (México) desde 1975. Realizó estudios de Ingeniería Geológica en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Posteriormente, siguiendo el llamado de la vocación por las humanidades, se graduó en la Licenciatura en Literatura Hispanoamericana en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Autónoma de Tlaxcala, lugar donde actualmente se desempeña como Docente de la Licenciatura en Lengua y Literatura Hispanoamericana, y colabora como Bibliotecario

Como escritor, ha sido antologado en Cien fictimínimos (Ficticia, 2012), Alebrije de palabras (BUAP, 2013); en Cuentos pequeños, grandes lectores (Cofradía de coyotes, 2014); en el libro Cortocircuito (BUAP, 2018). Así como en el libro digital Pequeficciones. Piñata de historias mínimas (Parafernalia Ediciones Digitales, 2020).

En 2015 fue ganador del “Premio Estatal de Cuento Beatriz Espejo 2015” del estado de Tlaxcala. En 2016 obtuvo el “Premio Estatal de Poesía Dolores Castro 2016”, del estado de Tlaxcala.

Su trabajo creativo en literatura lo comparte en su página web Ceremonia de Palabras (ceremoniadepalabras.com.mx).

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