martes, 17 de noviembre de 2020

(83) Kristina Ramos

 

Viaje Astral

Contemplé mi cuerpo. Yacía tumbado boca arriba en la cama, con los ojos cerrados, mi cabello despeinado y envuelta entre mis sábanas blancas. Ahí estaba yo, flotando sin saber cómo, pues me encontraba durmiendo. Pensé que era un suceso imposible; sin embargo, seguía ahí, flotando. Me asusté al no saber lo que me pasaba y me repetí a mí misma que era un sueño, solo un sueño.

Pasé toda la noche flotando sobre mi cuerpo, casi llegando al techo. Las horas siguieron su curso y cuando los pajarillos comenzaron a cantar, en el cielo las nubes se mezclaban con los primeros rayos del sol. Un grito desgarrador retumbó en mi habitación, la puerta de abrió de pronto y todo se tornó lúgubre. Mi novio al verme, corrió hacia mí, me tocó, lloró y con desesperación me abrazó. Al instante ingresaron paramédicos y certificaron la hora de mi muerte. Escuché que fue por asfixia, ciertamente no recordaba nada.

“Dejó abierta la llave del gas”, decían entre ellos y llenaban de preguntas a mi pareja, quien con lágrimas en los ojos y voz entrecortada exclamó:

—Nunca creí que fuera capaz de suicidarse.

Mientras yo seguía ahí, flotando.

 

El amor de mamá

Cuando llega la noche el miedo se apodera de mi corazón y late a mil por hora. Mi habitación luce más grande, las sombras que se forman en las paredes por las luces de la calle se ven horripilantes, al mínimo sonido me envuelvo entre mis frazadas y rezo para que no vengan a comerme esas asquerosas criaturas; sin embargo, cuando el miedo me invade, mi cuerpo se paraliza por completo y cuando logro gritar, lo hago muy muy fuerte para que mamá venga a verme y con sus besos alivie todos mis males. Los malignos monstruos le temen a mami y huyen al escuchar su voz diciendo:

—Fuera de aquí hediondos humanos, aléjense de mi bebé. ¡Jamás se lo comerán!

Al terminar de decir eso ella gruñe muy fuerte, les enseña sus filosos dientes y me cuida. Así puedo dormir en paz.

 

El mejor regalo de mi vida

Hace una semana fue mi cumpleaños número ocho y no hubo fiesta, pero si recibí un muñeco de regalo hecho por mi mamá. Ella se esforzó en bordar su linda sonrisa y escogió unos hermosos botones color café para sus ojos. Es pequeño, suave y esponjoso por su relleno de algodón. Ahora tengo con quién jugar y ya no me siento sola.

Mi mami me hizo muy feliz, aunque por momentos me preocupa que mi vecina siga buscando a su bebé.

 

Camino equivocado

—¡Un conejo blanco! ¡Un conejo blanco! —gritaba mi pequeña Helen mientras corría mezclándose entre la espesura de los árboles y yo la seguía de cerca observando cada uno de sus pasos, pues tenía miedo de que se perdiera en el camino. El viento soplaba con fuerza anunciado la llegada de la lluvia y un susurro lejano, como una voz pronunciando el nombre de mi hija, me distrajo. De pronto, un agujero negro se abrió en el piso y un terrorífico conejo la jaló del brazo.

—Mi pequeña Alicia por fin te encontré —le dijo la monstruosa criatura.

Mi corazón se detuvo, quedé atónita ante tal suceso y por más que corrí no pude alcanzarla.

¡Se la llevó! ¡Se la llevó! —grité desconsolada en medio de la calle. La noticia no tardó en salir en los diarios con escandalosos encabezados.

"El conejo ataca de nuevo, asesino disfrazado secuestró nueva víctima. Madre en shock, no sabe lo que dice".

 

Días grises

Mi habitación tiene una ventana enorme que da hacia la calle, junto a ella tengo una silla de madera con un cojín rojo confortable dónde suelo sentarme de manera sistemática todos los días cuando mi reloj marca las cinco de la tarde. Desde ahí puedo ver a los traviesos chiquillos jugando a la pelota, a las palomas surcando el cielo y a los cachorros olisqueando el pavimento. El mundo ha ido cambiando, las calles ahora son más amplias y hay más personas transitando de manera veloz. Veo más iluminación, más carros y los sonidos estridentes perturban mi paz. Me desespero y cojo la escopeta, los pensamientos oscuros vuelven a mi mente y una vez más, como una película, vuelvo a revivir aquel fatídico día: El reloj, la silla, la ventana, el disparo en la cabeza.

 

La Maldición

En una subasta en Nueva York, adquirí una obra maestra. Una pintura extraña e inusual. Su marco de roble estaba tallado con delicadeza, sus finos detalles en pan de oro eran parte de su encanto. Un sutil olor a añejo emanaba de él y también podían vislumbrarse algunas manchas de moho. Se encontraba en buen estado, la tela no tenía ninguna rasgadura y el hombre apuesto, pintado en ella, parecía recién hecho. No tenía idea de quién era, pero su endiablada mirada me atrapó desde el primer instante en que lo vi. Sentí una fuerte conexión, una mística atracción, como si la pintura tuviese alma. Su mirada penetraba mis sentidos, sus delicados y sensuales labios parecían querer hablarme, su níveo y fino rostro poseía una extraordinaria belleza que llegó a inquietarme. Durante muchas noches tuve sueños extraños, despertaba en la madrugada sudando con la respiración agitada y él siempre estaba ahí, mirándome. Mi salud se fue deteriorando día con día, mis pasos se aletargaron y mi piel se fue arrugando. Ningún médico le dio un diagnóstico certero a mi terrible padecimiento. No obstante, ese hombre se veía fresco, desbordando la juventud que me fue arrebatada.

 

Peter y la muñeca

—¿Te gustan las muñecas? -Me preguntó Peter mientras me tomaba entre sus brazos y caminaba hacia su hogar.

Quise contestar a su pregunta, pero no pude, solo dejé que él me llevara. Llegando a su casa me dio un buen baño, me colocó un hermoso vestido color rosa, me trenzó el cabello con delicadeza y maquilló mi rostro para disimular mi palidez. Con ternura me posó en la cama mientras acariciaba mis mejillas y me acercó un espejo para poder observar mi reflejo.

— ¡Quedaste hermosa mi pequeña Lili! ¡Mi preciosa muñeca! —me dijo y se recostó a mi lado.

A la mañana siguiente me colocó en un armario junto a otras muñecas, él se fue al cementerio para cumplir su labor de sepulturero y yo me quedé en casa junto a mis nuevas amigas.

LA AUTORA

Kristina Ramos: Huancayo (1987) Escritora de literatura de terror y ciencia ficción.  Fundadora de la Editorial Aeternum. Fue escritora invitada para la edición N.º 9 de la revista digital Letras y Demonios México (2020). Ha publicado en los libros “El día que regresamos” y “Dismórfica - Letras descarnadas” Pandemónium Editorial (2020). Su más reciente entrevista y audiorelato del cuento “Abrigo Rojo” fue publicado en el Podcast Narraciones de un Burro y más que se puede encontrar en Spotify, iVoox, Spreaker y Apple podcast (2020). Ha dictado charlas sobre literatura de terror para el Liceo San Antonio de Colombia (2020). También ha publicado en diversas revistas digitales extranjeras. Actualmente se encuentra trabajando en un libro de cuentos.

 

 

 


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