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martes, 7 de agosto de 2018

LETRAS ITINERANTES COLOMBIA (1)





LA MUJER DE CRIN

Maribel García Morales, Colombia, autora publicada en el número 36

     La llanura se fue consumiendo en sus jornadas de búsqueda, hasta sentir próximo el encuentro. Galopó con más prisa y sus cascos marcaron un ritmo de fuego sobre el camino de piedra. A lo lejos divisó el portal de la hacienda, igual al de sus sueños, y el cansancio cedió a su deseo. Apuró el trote y pronto arribó a su destino. En la mecedora, el hombre la aguardaba. Bello, igual al príncipe soñado que la hizo abandonar a su manada y emprender aquella travesía.

     Agotada, se recostó a sus pies, cerró los ojos y lentamente se fue dejando su aspecto montuno y se convirtió en una bella mujer. Sin importarle su desnudez, sensual, se acercó al hombre que parecía dormido y lo besó en los labios. Él, momificado por la espera, recibió aquel beso añorado y se derrumbó dejando en su lugar una tenue nube de polvo que se confundió con el que en su huida dejaron los cascos de la mujer que huyó, otra vez, convertida en yegua salvaje.


ESPEJITO, ESPEJITO

Sandra Bianchi, Argentina. Autora publicada en el número 79

Todos creen que es la más engreída porque se mira en cuanta superficie reflejante encuentra a su paso. Se mira en los espejos de su casa, en los de las petacas de rubor de las perfumerías, en los de los baños públicos, en los retrovisores de los autos.

Nadie cree que no es delectación sino peregrinaje.

Se mira en las siluetas que le devuelven las vidrieras de los comercios, en los ventanales de las casas, en las paredes transparentes de los supermodernos edificios.

Nadie cree que no es obsesión sino una pregunta recurrente.

Se mira en sus poses, registradas en las pantallas de las cámaras de seguridad, en las de los teléfonos celulares y en las de las webcam.

Nadie creería que ya no quiere verse más. Se ha mirado en los papeles aluminizados de los regalos que da y recibe, en las cacerolas de acero, la retrataron sus voluminosos aros de plata, atravesó el jarrón con el agua de las flores. Sólo le queda la cara de la luna.

Pero cuando llegue hasta allí, su rostro no será el mismo y seguirá sin encontrar lo que no se le ha perdido.

 

EDIFICIO DOS

Pia Barros, Chile, autora publicada en el número 95

La mujer pone muchas almohadas al niño que tose, pero no es suficiente. La puerta es derribada por dos vecinos con overol y mascarillas que la empujan, rebuscan y agarran al infante bajo las almohadas. Uno lo arrastra escaleras abajo y el otro tapia con tablas y clavos la puerta a la mujer que aúlla en su dolor impotente.

El niño es arrojado a las puertas del edificio, donde yacen, desparramados, viejos, jóvenes, y uno que otra criatura congelada en el pavimento.

 

LA MUJER TRANSPARENTE

Ángel Olgoso, España, autor publicado en el número 67 

La mujer se desnuda, unta de miel todo su cuerpo con minuciosidad, se revuelca a conciencia en un montón de trigo dispuesto en el pajar, recoge parsimoniosamente los granos pegados a la piel, uno por uno, y elabora con ellos una sabrosa torta que dará a comer al hombre cuando regrese. Con la leña del horno arden también pasadas aflicciones y crueldades, se queman una vez más temores y egoísmos, las lágrimas estallan de nuevo entre chispas esparciendo un fragante aroma que perfuma la casa como si fuese incienso. Los ojos de la mujer, vigilantes y esperanzados, se dirigen a la entrada y su corazón late con una fuerza que parece ensanchar las puertas. Se ha soltado la cinta del pelo y ha adornado la mesa con flores en torno al pastel incitador. Cuando el hombre llega, pasa ante la mujer sin detenerse y sin mirarla, anunciando que viene comido.

 

CAMILA

Ildiko Nassrr, Argentina, publicada en el número 54

     Dicen que Camila perdió la vida. ¿Dónde la perdió? ¿La dejó olvidada en algún lugar que no recuerda?

     Alguien se la arrebató, no la perdió. La mataron brutalmente. La descartaron como se descarta el envase de un yogurt o de una golosina. Usaron su cuerpo y se llevaron su vida.

 

DESPROPORCIÓN

Manuel Moyano, España, autor publicado en el número 106

     Vació el bidón de arsénico en la planta potabilizadora que abastecía a toda la ciudad. Sabía que su mujer siempre bebía agua del grifo.

 

VIAJE

Paola Tena, México, autora publicada en el número 42

     Suba caballero, el taxi está libre. Qué tal la noche, algo fresca, ¿verdad? No se moleste en darme la dirección, yo sé a dónde va. Calle Aqueronte esquina con Estigia, ¿es así? Ahí van todos, no es que lo adivine. Por eso el tráfico, pero llegaremos en un instante, no se inquiete; trabajo en esto desde hace siglos. El viaje le costará una moneda de oro. No es caro si consideramos el servicio, la ruta. No me diga su nombre, no es necesario. Pero yo le diré el mío. Caronte, para servir a usted.

PACHAMAMA

Homero Carvalho Oliva, Bolivia, publicado en el número 21

     Doña Justina Cusicanqui, tierna y sabia anciana, cuenta que escuchó a su abuela relatar la historia de un aymara que, ante los porfiados sacerdotes católicos que pretendían obligarlo a bautizarse cristianamente, para que el pobre hombre salve su alma salvaje y pecadora, respondió muy sereno:

     -Yo nada espero del Cielo, todo me lo dio la Tierra.


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