LA MUJER DE
CRIN
Maribel
García Morales, Colombia, autora publicada en el número 36
La llanura
se fue consumiendo en sus jornadas de búsqueda, hasta sentir próximo el
encuentro. Galopó con más prisa y sus cascos marcaron un ritmo de fuego sobre
el camino de piedra. A lo lejos divisó el portal de la hacienda, igual al de
sus sueños, y el cansancio cedió a su deseo. Apuró el trote y pronto arribó a
su destino. En la mecedora, el hombre la aguardaba. Bello, igual al príncipe
soñado que la hizo abandonar a su manada y emprender aquella travesía.
Agotada, se
recostó a sus pies, cerró los ojos y lentamente se fue dejando su aspecto
montuno y se convirtió en una bella mujer. Sin importarle su desnudez, sensual,
se acercó al hombre que parecía dormido y lo besó en los labios. Él, momificado
por la espera, recibió aquel beso añorado y se derrumbó dejando en su lugar una
tenue nube de polvo que se confundió con el que en su huida dejaron los cascos
de la mujer que huyó, otra vez, convertida en yegua salvaje.
ESPEJITO,
ESPEJITO
Sandra Bianchi, Argentina. Autora publicada en el número 79
Todos creen que es la más engreída porque se mira en cuanta superficie
reflejante encuentra a su paso. Se mira en los espejos de su casa, en los
de las petacas de rubor de las perfumerías, en los de los baños públicos, en
los retrovisores de los autos.
Nadie cree que no es delectación sino peregrinaje.
Se mira en las siluetas que le devuelven las vidrieras de los comercios,
en los ventanales de las casas, en las paredes transparentes de los
supermodernos edificios.
Nadie cree que no es obsesión sino una pregunta recurrente.
Se mira en sus poses, registradas en las pantallas de las cámaras de
seguridad, en las de los teléfonos celulares y en las de las webcam.
Nadie creería que ya no quiere verse más. Se ha mirado en los papeles
aluminizados de los regalos que da y recibe, en las cacerolas de acero, la
retrataron sus voluminosos aros de plata, atravesó el jarrón con el agua de las
flores. Sólo le queda la cara de la luna.
Pero cuando llegue hasta allí, su rostro no será el mismo y seguirá sin
encontrar lo que no se le ha perdido.
EDIFICIO DOS
Pia Barros, Chile, autora publicada en el número 95
La mujer pone muchas almohadas al niño que tose, pero no es suficiente.
La puerta es derribada por dos vecinos con overol y mascarillas que la empujan,
rebuscan y agarran al infante bajo las almohadas. Uno lo arrastra escaleras
abajo y el otro tapia con tablas y clavos la puerta a la mujer que aúlla en su
dolor impotente.
El niño es arrojado a las puertas del edificio, donde yacen,
desparramados, viejos, jóvenes, y uno que otra criatura congelada en el
pavimento.
LA MUJER TRANSPARENTE
Ángel Olgoso, España, autor publicado en el número
67
La
mujer se desnuda, unta de miel todo su cuerpo con minuciosidad, se revuelca a
conciencia en un montón de trigo dispuesto en el pajar, recoge
parsimoniosamente los granos pegados a la piel, uno por uno, y elabora con
ellos una sabrosa torta que dará a comer al hombre cuando regrese. Con la leña
del horno arden también pasadas aflicciones y crueldades, se queman una vez más
temores y egoísmos, las lágrimas estallan de nuevo entre chispas esparciendo un
fragante aroma que perfuma la casa como si fuese incienso. Los ojos de la
mujer, vigilantes y esperanzados, se dirigen a la entrada y su corazón late con
una fuerza que parece ensanchar las puertas. Se ha soltado la cinta del pelo y
ha adornado la mesa con flores en torno al pastel incitador. Cuando el hombre
llega, pasa ante la mujer sin detenerse y sin mirarla, anunciando que viene
comido.
CAMILA
Ildiko Nassrr, Argentina,
publicada en el número 54
Dicen que Camila perdió
la vida. ¿Dónde la perdió? ¿La dejó olvidada en algún lugar que no recuerda?
Alguien se la arrebató,
no la perdió. La mataron brutalmente. La descartaron como se descarta el envase
de un yogurt o de una golosina. Usaron su cuerpo y se llevaron su vida.
DESPROPORCIÓN
Manuel Moyano, España, autor publicado en el número
106
Vació
el bidón de arsénico en la planta potabilizadora que abastecía a toda la
ciudad. Sabía que su mujer siempre bebía agua del grifo.
VIAJE
Paola Tena, México, autora publicada en el número 42
Suba caballero, el taxi está libre. Qué tal la
noche, algo fresca, ¿verdad? No se moleste en darme la dirección, yo sé a dónde
va. Calle Aqueronte esquina con Estigia, ¿es así? Ahí van todos, no es que lo
adivine. Por eso el tráfico, pero llegaremos en un instante, no se inquiete;
trabajo en esto desde hace siglos. El viaje le costará una moneda de oro. No es
caro si consideramos el servicio, la ruta. No me diga su nombre, no es necesario.
Pero yo le diré el mío. Caronte, para servir a usted.
PACHAMAMA
Homero Carvalho Oliva, Bolivia, publicado en el número 21
Doña Justina Cusicanqui, tierna y sabia anciana, cuenta que escuchó a su
abuela relatar la historia de un aymara que, ante los porfiados sacerdotes
católicos que pretendían obligarlo a bautizarse cristianamente, para que el
pobre hombre salve su alma salvaje y pecadora, respondió muy sereno:
-Yo nada espero del Cielo, todo me lo dio la Tierra.

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